Fuera del Box #017

¿Cómo te hablas cuando entrenas?

Las palabras que utilizamos durante el esfuerzo pueden ayudarnos a dirigir la atención, interpretar la dificultad y decidir qué hacemos después.

Por Fer y Fran6 min de lectura
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Deportista concentrado sostiene una barra sobre la cabeza durante un levantamiento en Belize box.

El viernes pasado hicimos un taller de psicología deportiva y llevamos la conversación al lugar donde más sentido tiene: el entrenamiento.

Probamos tareas distintas. En una había que completar el mayor número posible de repeticiones dentro de un tiempo. En otra buscábamos el mayor peso que pudiéramos mover una sola vez. También intentamos sostener el mismo ritmo en cada serie.

El cuerpo era el mismo, pero cada prueba pedía una forma diferente de dirigir la atención. Las palabras que utilizamos mientras entrenamos pueden ayudarnos a interpretar el esfuerzo, concentrarnos en la siguiente acción y decidir mejor. No hacen desaparecer la fatiga ni sustituyen la preparación física, aunque sí pueden cambiar la manera en la que atravesamos un momento exigente.

Una tarea distinta necesita una conversación distinta

Cuando intentamos hacer el máximo número de repeticiones en un tiempo limitado aparece la urgencia. Queremos aprovechar cada segundo y resulta fácil acelerar más de lo que podremos sostener. En ese contexto, una frase breve puede devolvernos al presente: «respira», «mantén el ciclo» o «una repetición cada vez».

Buscar una repetición máxima plantea otra situación. Hay espera, incertidumbre y un único intento en el que queremos expresar nuestra fuerza. En los segundos anteriores no necesitamos repasar todo lo que sabemos. Suele ser más útil elegir una o dos referencias que ya hemos practicado: colocar bien los pies, crear tensión o terminar el movimiento.

Sostener un ritmo constante en todas las series exige paciencia. La primera puede parecer demasiado fácil y precisamente ahí comienza la prueba. Mantener la decisión que habíamos tomado, aunque en ese momento sintamos que podríamos correr más, requiere una conversación menos impulsiva: «este es el ritmo», «igual que la anterior», «todavía queda trabajo».

El taller nos permitió observar algo sencillo: una frase puede motivar, pero también puede ordenar. En ocasiones necesitamos activarnos; en otras, calmarnos o recordar un detalle técnico. El lenguaje útil depende de lo que estamos intentando hacer.

Qué sabemos sobre el diálogo interno y el rendimiento

Vamos a ponernos un poco más técnicos porque la evidencia ayuda a colocar esta herramienta en su medida.

Una revisión sistemática de 2011 analizó 47 estudios sobre diálogo interno y rendimiento. Encontró efectos favorables de las frases positivas, motivacionales y centradas en instrucciones.1 También dejó dos matices importantes: los pensamientos negativos no empeoraron necesariamente el rendimiento y la evidencia no permitía afirmar con claridad que un tipo de frase fuera siempre mejor para una clase concreta de tarea.

Una revisión más reciente reunió 33 ensayos aleatorizados, 56 resultados y 1.848 participantes. En conjunto, las intervenciones de diálogo interno produjeron una mejora moderada del rendimiento deportivo.2 Los propios autores piden prudencia porque detectaron indicios de que los estudios pequeños o con resultados favorables podían estar más representados en la literatura. Además, el trabajo se publicó inicialmente como una versión aceptada pendiente de la edición definitiva.

La lectura práctica es razonable: el diálogo interno puede ayudar, pero no funciona como una frase mágica y todavía no sabemos con precisión qué palabras resultan mejores para cada persona y cada esfuerzo. Merece la pena entrenarlo como una habilidad y observar en qué situaciones nos sirve.

Pensar algo no nos obliga a obedecerlo

Durante una serie difícil pueden aparecer frases como «no puedo más», «voy demasiado lento» o «siempre fallo aquí». Intentar expulsarlas a la fuerza puede ocupar todavía más atención. La revisión de 2011, de hecho, desaconsejaba utilizar técnicas basadas únicamente en detener el pensamiento.

Podemos reconocer que una frase ha aparecido y decidir qué hacemos después. Sentir «no puedo más» ofrece información sobre la intensidad del momento, pero no determina automáticamente si debemos parar, ajustar el ritmo o completar otra repetición. Esa decisión también depende de la técnica, la seguridad y el objetivo de la sesión.

Hay una diferencia útil entre juzgarnos, describir lo que ocurre y darnos una instrucción:

  • Juicio: «Soy malísimo en esto».
  • Descripción: «He perdido la posición en las últimas repeticiones».
  • Instrucción: «Reduce el ritmo y recupera la posición».

La descripción nos permite entender el problema. La instrucción nos devuelve una acción. El juicio, en cambio, convierte un momento concreto en una conclusión sobre quiénes somos.

Las etiquetas también entrenan con nosotros

«No soy corredor». «Se me da fatal la fuerza». «Siempre abandono». Repetidas durante mucho tiempo, estas frases pueden estrechar las posibilidades que vemos. Una dificultad específica termina pareciendo una identidad permanente.

No necesitamos sustituirlas por afirmaciones grandiosas que no creemos. Decirnos «puedo con todo» suele aportar poco cuando la experiencia del momento señala otra cosa. Podemos buscar una frase más precisa y creíble: «puedo controlar este kilómetro», «hoy practicaré esta posición» o «voy a terminar bien esta serie».

Una forma más respetuosa de hablarnos también puede ser exigente. Reconocer que hemos empezado demasiado rápido, que la carga elegida era excesiva o que hemos dejado de atender a la técnica nos ayuda a corregir. El objetivo consiste en utilizar una exigencia que oriente, en lugar de una descalificación que nos deje sin respuesta.

Cómo entrenar las palabras que utilizamos

El diálogo interno se vuelve más útil cuando lo preparamos antes de necesitarlo. Podemos probar un proceso sencillo:

  1. Elegir el momento difícil. Puede ser la salida de una carrera, la aproximación a una carga alta o las últimas repeticiones de una serie.
  2. Identificar lo que suele aparecer. Anotar la frase habitual permite verla con algo de distancia.
  3. Decidir qué necesitamos hacer. Activarnos, mantener la calma, recordar una posición o sostener un ritmo.
  4. Crear una indicación corta y creíble. Cuantas menos palabras necesitemos durante el esfuerzo, mejor podremos utilizarlas.
  5. Practicarla en el entrenamiento. La frase también necesita repeticiones para aparecer cuando llega la fatiga.

No tiene que ser la misma para todos. Algunas personas responden bien a una indicación técnica y otras necesitan una palabra que les recuerde por qué están haciendo el esfuerzo. También puede cambiar entre la primera serie y la última.

Lo que nos llevamos del taller

El taller del viernes nos ayudó a poner atención sobre una parte del entrenamiento que normalmente no se ve. Medimos repeticiones, kilos y ritmos, mientras la conversación que mantenemos por dentro acompaña cada decisión.

Nosotros creemos que entrenar también consiste en aprender a observar esa conversación. Queremos reconocer cuándo una frase nos ayuda a actuar, cuándo solo expresa el cansancio del momento y cuándo nos está convirtiendo en una etiqueta que no necesitamos conservar.

La fuerza, la resistencia y la técnica se desarrollan con práctica. La forma de hablarnos también. Podemos entrenarla para dirigir mejor la atención, decidir con más criterio y seguir construyendo incluso cuando una sesión se complica.

No siempre elegimos el primer pensamiento que aparece, pero podemos elegir las palabras con las que continuamos.

— Fer y Fran, Belize box

Preguntas frecuentes

¿Tengo que pensar siempre en positivo mientras entreno?

No. Un pensamiento negativo puede aparecer sin arruinar el rendimiento. Resulta más útil reconocerlo y elegir después una instrucción concreta que intentar mantener una positividad constante.

¿Es mejor una frase motivacional o una indicación técnica?

Depende de lo que necesites en ese momento. Una frase motivacional puede ayudarte a sostener el esfuerzo; una indicación técnica puede devolver tu atención a la ejecución. La evidencia todavía no permite establecer una regla universal para cada tipo de tarea.

¿Qué hago si una frase no me resulta creíble?

Busca una versión más concreta. En lugar de «puedo con todo», prueba con «mantén este ritmo durante la próxima serie» o «termina bien esta repetición».

¿El diálogo interno sustituye el trabajo con un profesional de la psicología deportiva?

No. Es una herramienta que puede practicarse en el entrenamiento. Cuando existen ansiedad intensa, bloqueo persistente o dificultades que afectan al bienestar y al rendimiento, un profesional puede evaluar el contexto y enseñar estrategias adaptadas a la persona.