Fuera del Box #009

¿Necesitas acabar destrozado para que un entrenamiento funcione?

Un entrenamiento funciona cuando su exigencia responde a un objetivo, mantiene la calidad necesaria y permite recuperarse para continuar.

Por Fer y Fran6 min de lectura
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Atleta de Belize box haciendo una pausa durante una sesión exigente.

Un entrenamiento funciona cuando la exigencia está al servicio de lo que queremos mejorar. A veces eso significa sostener un esfuerzo muy alto. Otras veces exige mantener una posición, repetir un ritmo o descansar lo suficiente para que la siguiente serie conserve su calidad.

Nos gusta entrenar duro y creemos que aprender a desenvolverse cerca del límite tiene valor. También creemos que la intensidad debe responder a una intención. El agotamiento puede formar parte de la sesión, pero por sí solo no explica si hemos entrenado bien.

El cansancio nos dice cuánto nos ha costado el trabajo. Para valorar su utilidad necesitamos mirar además qué capacidad queríamos desarrollar, cómo hemos ejecutado la tarea y cuánto tiempo necesitaremos para recuperarnos.

El cansancio se ve; la adaptación necesita tiempo

La fatiga llega durante la sesión o justo después. La mejora aparece cuando el cuerpo se adapta al estímulo y tiene tiempo para recuperarlo. Por eso es fácil confundir una señal inmediata con el resultado que buscamos.

Una sesión puede cansarte mucho porque has elegido una carga demasiado alta, has salido a un ritmo que no podías sostener o has encadenado más trabajo del que eres capaz de ejecutar bien. También puede cansarte porque ese era precisamente el estímulo previsto. La sensación final se parece; la calidad de la decisión no.

La pregunta útil es más concreta: ¿para qué estaba hecha la sesión y qué parte del cansancio era necesaria para conseguirlo?

Intensidad no significa hacer siempre todo al máximo

La intensidad cambia de significado según lo que entrenamos. En fuerza puede referirse al peso respecto a nuestra capacidad máxima. En una carrera puede ser el ritmo o el esfuerzo que sostenemos. En un trabajo técnico, la exigencia puede estar en repetir una posición con precisión.

Ir al límite es una herramienta. Un intento máximo, una prueba o una serie llevada hasta que ya no podemos completar otra repetición pueden aportar información y estímulos útiles. Si utilizamos esa herramienta en cada bloque, el coste crece: la técnica se deteriora antes, necesitamos más recuperación y cada serie siguiente ofrece menos calidad.

Los descansos tampoco interrumpen el entrenamiento. En unas series de carrera o en un trabajo interválico forman parte del diseño: permiten volver a producir un esfuerzo parecido. En fuerza, descansar lo suficiente ayuda a que la siguiente serie siga entrenando fuerza y no se convierta únicamente en una lucha contra la fatiga acumulada.

¿Qué sabemos sobre entrenar al fallo?

Vamos a ponernos un poco más técnicos, porque entrenar al fallo muscular es uno de los ejemplos más claros de esta conversación.

Una revisión sistemática con metaanálisis de Grgic y colaboradores reunió 15 estudios en adultos jóvenes y comparó programas de fuerza realizados hasta el fallo con programas que detenían las series antes.1 En el análisis general no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre ambas estrategias para ganar fuerza ni masa muscular.

Otra revisión posterior, centrada en la hipertrofia, tampoco encontró que alcanzar siempre el fallo muscular momentáneo fuera superior a detenerse antes.2 Sus autores señalan que la relación entre cercanía al fallo y crecimiento muscular puede no ser lineal: acercarse más no garantiza obtener más en la misma proporción.

La lectura práctica: estas revisiones estudian sobre todo entrenamiento de fuerza y no demuestran que el esfuerzo dé igual. Indican algo más concreto: para progresar no hace falta agotar cada serie. El fallo puede utilizarse en momentos y ejercicios determinados, pero no necesita convertirse en la norma.

Tres sesiones duras que no se parecen

Imagina tres días exigentes.

En el primero practicas un movimiento complejo. La dificultad está en mantener posiciones y repetir ejecuciones buenas. Detener una serie cuando la técnica empieza a romperse protege justo aquello que quieres aprender.

En el segundo haces intervalos. Cada bloque debe salir a un ritmo alto y parecido. El descanso permite sostener esa calidad; acortarlo sin motivo puede hacer que completes el mismo tiempo total, pero a una intensidad distinta de la prevista.

En el tercero realizas una prueba. Ese día sí puede tener sentido acercarte al máximo, porque el objetivo es conocer lo que eres capaz de hacer y practicar la toma de decisiones bajo fatiga.

Las tres sesiones pueden ser duras. La diferencia está en dónde colocamos la exigencia.

Cómo saber si una sesión ha funcionado

No hace falta salir del entrenamiento haciendo cálculos. Bastan unas preguntas sencillas:

  • ¿Qué quería entrenar hoy? Fuerza, ritmo, técnica, capacidad de sostener un esfuerzo o una prueba concreta.
  • ¿He mantenido la calidad necesaria? La técnica, el ritmo o la carga deben parecerse a lo que exigía la sesión.
  • ¿El coste encaja en mi semana? Una sesión muy exigente puede tener sentido si después existe espacio para recuperarla.
  • ¿Podré repetir trabajo de calidad cuando toque? Mejorar necesita estímulos suficientes y continuidad para acumularlos.

Estas preguntas no eliminan la incertidumbre, pero desplazan la atención desde cuánto has sufrido hacia qué has entrenado.

Aprender a apretar también incluye saber cuándo

Como centro queremos que la gente descubra que puede hacer cosas difíciles. Nos parece valioso aprender a mantener un esfuerzo cuando la primera reacción sería parar. También queremos que cada persona distinga entre incomodidad, pérdida de calidad y una señal que exige ajustar.

Elegir menos peso para sostener el movimiento, respetar una pausa o terminar una serie con margen no significa entrenar sin ambición. A veces es la decisión que permite acumular más trabajo útil y volver a intentarlo en mejores condiciones.

Y habrá días para terminar agotados. Una competición, una prueba o una sesión especialmente exigente pueden pedirlo. Lo importante es que sean una elección dentro del proceso, no el peaje obligatorio para sentir que hemos entrenado.

La intensidad es una herramienta. Aprender cuándo utilizarla también forma parte de entrenar.

— Fer y Fran, Belize box