En el entrenamiento nos preguntan pronto qué queremos conseguir. Correr una distancia, levantar un peso, terminar una prueba, perder grasa o volver a movernos sin dolor. La pregunta es útil, pero puede esconder una exigencia: que entrenar solo tiene sentido si conduce hacia un resultado visible.
No siempre es así. Podemos entrenar porque nos hace bien, porque disfrutamos aprendiendo o porque queremos conservar capacidad para vivir como elegimos. No necesitas una gran meta para que el entrenamiento tenga valor.
Tener una dirección, sin embargo, puede ayudarnos a decidir dónde poner el esfuerzo. El problema aparece cuando confundimos esa dirección con el camino y dejamos que un resultado futuro decida cuánto vale lo que hacemos hoy.
Una dirección, no una obligación
En la tradición filosófica griega aparece la idea de telos: un fin hacia el que orientamos nuestras acciones. No tiene por qué ser una orden ni una promesa inamovible. Puede funcionar como una referencia para elegir entre varias posibilidades.
Si quieres hacer tu primera dominada, ese objetivo ayuda a priorizar fuerza de tirón, técnica y progresiones. Si quieres llegar con más autonomía a los próximos años, quizá te lleve a entrenar fuerza, resistencia y equilibrio. La dirección cambia decisiones concretas.
No existe una única fórmula correcta para fijar objetivos. Una meta útil parte de las circunstancias reales de cada persona: de dónde nace, con qué tiempo y recursos cuenta, qué barreras existen y cuándo conviene revisar el plan. Incluso un modelo tan conocido como SMART puede quedarse corto si se aplica de la misma manera a todo el mundo.1
Un objetivo puede ser útil sin convertirse en una deuda con nuestro yo futuro.
¿Entrenas para conseguir algo o conseguir algo te ayuda a entrenar mejor?
No hace falta cerrar la pregunta. Puede que la respuesta cambie con el tiempo.
El resultado señala; el proceso ocupa el presente
Imagina que el objetivo es hacer tu primera dominada. La dominada es el resultado que quieres alcanzar. El proceso puede incluir:
- entrenar tres días por semana;
- realizar dos exposiciones semanales de tirón;
- seguir las progresiones adecuadas;
- dormir y recuperar;
- registrar el trabajo para poder ajustarlo.
El resultado da coherencia a esas acciones, pero hoy solo podemos actuar sobre las acciones.
Esta distinción resulta especialmente valiosa. Ningún resultado está enteramente bajo nuestro control. Podemos preparar una prueba con seriedad y encontrarnos un mal día. Podemos trabajar una marca y que el cuerpo necesite más tiempo. También influyen el descanso, una lesión, el trabajo, los cuidados y circunstancias que no obedecen al plan.
Sí podemos atender a la sesión que tenemos delante: elegir una carga adecuada para el trabajo previsto, practicar con intención, aceptar un ajuste o descansar cuando corresponde. Poner ahí la atención no rebaja la ambición. Evita que todo el proceso dependa emocionalmente de algo que todavía no ha sucedido.
Qué aporta la ciencia a esta distinción
Antes de mirar los números, conviene distinguir tres ideas. Un objetivo de resultado se fija en el desenlace, como ganar una carrera. Uno de rendimiento busca una marca propia, como terminarla en menos de 50 minutos. Uno de proceso dirige la atención a lo que hacemos para avanzar: mantener un ritmo, cuidar la técnica o cumplir las sesiones previstas.
Williamson y colaboradores reunieron 27 estudios sobre el uso de objetivos en el deporte. Al agrupar los datos relacionados con el rendimiento, los objetivos de proceso mostraron el efecto más grande: d = 1,36, frente a d = 0,44 para los objetivos de rendimiento y d = 0,09 para los de resultado.2
Cómo leerla: el eje horizontal no muestra porcentajes. Resume cuánto mejoró, de media y en una escala común, el rendimiento asociado a cada tipo de objetivo en los estudios analizados. Cuanto más larga es la barra, mayor fue la mejora agrupada. Como cada valor reúne estudios distintos, sirve para orientar la lectura, no para prometer un resultado individual.
Fuente: Williamson O, et al. The performance and psychological effects of goal setting in sport: a systematic review and meta-analysis. DOI 10.1080/1750984X.2022.2116723.
En palabras sencillas: pensar en el proceso nos devuelve a decisiones que podemos tomar hoy. La marca y el resultado siguen importando, pero dependen de muchas más cosas. El estudio no afirma que centrarse en el proceso garantice el éxito; indica que, en el conjunto de trabajos analizados, este tipo de objetivo se relacionó con una mejora mayor del rendimiento.
Por otra parte, el metaanálisis de Garstang y colaboradores reunió 13 estudios con 1.208 adultos con poca actividad física. Fijar objetivos produjo un efecto favorable sobre la actividad física, aunque las mejoras en variables psicológicas como la motivación o la autoeficacia fueron mucho menos claras.3
Los objetivos pueden ayudar. No explican por sí solos toda nuestra conducta ni sustituyen el trabajo de recorrer el camino.
¿De quién es el objetivo que persigues?
Dos personas pueden perseguir la misma meta y estar viviendo historias completamente distintas.
Una puede querer correr diez kilómetros porque le ilusiona descubrir de qué es capaz. Otra puede hacerlo para demostrar que no se ha quedado atrás. Alguien puede apuntarse a HYROX® porque le atrae la prueba; otra persona, porque todo su entorno lo está haciendo. También se puede buscar más fuerza para competir, para jugar con los hijos o para conservar autonomía al hacerse mayor.
El objetivo exterior puede parecer idéntico. Su significado personal cambia.
Una revisión reciente sobre la teoría de la autodeterminación encontró que las intervenciones basadas en este marco suelen producir efectos pequeños o moderados sobre la actividad física y otras variables de salud. Esos efectos aparecen relacionados principalmente con una motivación más autónoma, el apoyo a las necesidades psicológicas y la sensación de competencia.4
No demuestra que solo debamos perseguir metas nacidas de una motivación perfecta. Sirve para formular una pregunta más directa: ¿puedes reconocer como tuyo el objetivo al que estás dedicando tiempo y esfuerzo?
Elegir una meta no es firmar un contrato
Los objetivos pueden alcanzarse. También pueden cambiar, perder importancia o revelar otro camino. Una competición llega y termina. Una marca que parecía esencial deja de interesarnos. El cuerpo cambia y la vida modifica el margen disponible.
Fijar un objetivo forma parte de un proceso que necesita preparación, planificación, seguimiento y revisión.1 La primera decisión orienta el camino, pero no tiene por qué convertirse en una sentencia.
No todas las personas cuentan con el mismo tiempo, salud, descanso, dinero o apoyo. Un plan realista empieza por reconocer esas condiciones. Cambiar una meta ante una lesión, un turno de trabajo o una responsabilidad familiar no borra lo realizado. Puede ser la decisión más sensata para seguir actuando desde la realidad presente.
La flexibilidad tampoco obliga a abandonar al primer obstáculo. Significa revisar si el objetivo todavía merece el coste que exige y si continúa señalando una dirección que queremos recorrer.
Qué merece tu esfuerzo ahora
Antes de elegir o mantener una meta, pueden servir cuatro preguntas:
- ¿Este objetivo expresa algo que me importa o algo que siento que debería demostrar?
- ¿Qué parte del proceso depende de mis decisiones actuales?
- ¿Cabe en mis condiciones reales y me permite recuperarme?
- ¿El camino conserva valor aunque el resultado tarde o termine cambiando?
Nuestro criterio como centro es partir de las condiciones reales de cada persona, traducir una dirección en un entrenamiento concreto y revisar el plan cuando cambian las circunstancias. A veces habrá una prueba en el horizonte. Otras veces, el propósito será recuperar fuerza, aprender una habilidad o entrenar de una forma que cuide la salud y tenga sitio en la vida.
El objetivo es una herramienta. Puede señalar hacia dónde ir, pero el entrenamiento ocurre en lo que hacemos hoy. Podemos alcanzarlo, cambiarlo o descubrir otro durante el recorrido.
El objetivo puede señalar la dirección, pero el valor del camino se construye en lo que hacemos hoy.
— Fer y Fran, Belize box
Preguntas frecuentes
¿Es necesario tener un objetivo concreto para empezar a entrenar?
No. Puedes empezar porque quieres sentirte mejor, moverte o conocer una actividad. La dirección puede aparecer después, cuando entiendas mejor tu punto de partida y aquello que te interesa.
¿Qué diferencia hay entre un objetivo de resultado y uno de proceso?
El objetivo de resultado describe lo que quieres conseguir, como hacer una dominada. El de proceso concreta las acciones sobre las que puedes trabajar, como entrenar el tirón dos veces por semana, seguir una progresión y recuperar.
¿Cambiar de objetivo significa fracasar?
No necesariamente. Revisarlo puede responder a un cambio de prioridades, condiciones o intereses. Conviene valorar si la nueva decisión sigue orientando tu esfuerzo hacia algo que reconoces como propio.
