Fuera del Box #001

Cómo volver a entrenar después del verano sin abandonar

Una pausa puede hacerte perder parte de la fuerza, el rendimiento o la masa muscular. Eso no significa que todo el trabajo anterior haya desaparecido ni que tengas que recuperarlo de golpe.

Por Fer y Fran12 min de lectura
EntrenamientoSaludHábitos
Atleta de Belize box realizando wall balls durante una sesión.

Septiembre tiene algo extraño. Durante unos días parece que todo vuelve a empezar: la rutina, los horarios, el trabajo, los colegios y también esa frase que mucha gente se repite cada año:

«Ahora sí. Este septiembre me pongo en serio.»

Y está bien. Siempre es un buen día para empezar.

El problema es que septiembre nos vende muy bien el comienzo, pero no siempre nos enseña a continuar. Empezar puede depender de un impulso. Seguir entrenando cuando pasan las primeras semanas requiere paciencia, expectativas ajustadas y aceptar que quizá hoy no estás donde estabas antes.

Además, no todas las pausas se eligen. A veces el trabajo ocupa más de lo previsto, llegan unas vacaciones, una lesión obliga a frenar, hay hijos o familiares que necesitan tiempo, o el estrés convierte entrenar en una cosa más que no cabe en la semana. Cuando por fin vuelves, es fácil sentir que has tirado todo por la borda.

Pero una mala semana, unas vacaciones o una época complicada no destruyen automáticamente todo lo que llevas detrás. El trabajo previo cuenta. La cuestión no es no parar nunca: es aprender a volver.

El objetivo no es hacer un gran entrenamiento el primer día. El objetivo es construir el siguiente.

El entrenamiento de hoy debería ser siempre el penúltimo.

La trampa de volver donde lo dejaste

Uno de los errores más habituales al volver después de una pausa es comportarse como si no hubiera pasado nada.

Mismo peso. Mismo ritmo. Misma intensidad. Misma frecuencia. Misma exigencia.

Pero el cuerpo sí sabe que han cambiado cosas. Quizá has entrenado menos, dormido peor, corrido poco, viajado o cambiado horarios. Quizá simplemente has descansado, que también era necesario.

Entonces aparece una sensación incómoda: no estás como antes. El peso cuesta más, el ritmo se dispara antes y una sesión que antes controlabas ahora exige demasiado pronto.

No siempre nos frustramos por compararnos con otras personas. A veces la comparación más dura es con una versión anterior de nosotros mismos. Y suele ser una comparación injusta: ponemos el punto en el que estamos hoy frente a una versión que llevaba semanas o meses entrenando con continuidad.

No has fallado por no estar igual. Estás en otro punto. Entrenar bien consiste en saber leerlo.

Perder ritmo no significa empezar de cero

Cuando el entrenamiento se interrumpe o se reduce mucho, algunas adaptaciones físicas pueden disminuir. A este proceso se le suele llamar desentrenamiento o detraining.

Vamos a ponernos un poco más técnicos durante unos minutos. No para convertir una vuelta al entrenamiento en una clase de fisiología, sino para distinguir lo que sabemos, lo que todavía estamos investigando y lo que esos datos significan cuando vuelves a entrenar.

Conviene empezar por una verdad poco espectacular: parar por completo no es lo mismo que seguir entrenando. Un metaanálisis de Bosquet y colaboradores1 reunió 103 estudios y encontró descensos en la fuerza submáxima, la fuerza máxima y la potencia. La pérdida tendía a crecer cuanto más duraba el periodo sin entrenamiento. El efecto, sin embargo, variaba según la edad y la experiencia previa, y el análisis no permite calcular qué perderá una persona concreta.

La parte tranquilizadora aparece cuando no miramos solo la pausa, sino también la vuelta. Un ensayo aleatorizado de Halonen y colaboradores2 comparó dos formas de completar veinte semanas de entrenamiento de fuerza: un grupo entrenó de forma continua y otro hizo diez semanas de entrenamiento, diez semanas de pausa y diez semanas de reentrenamiento. Las sesiones eran supervisadas y se realizaban dos veces por semana.

Durante la pausa, en el grupo de entrenamiento periódico bajaron los resultados medios en prensa de piernas, curl de bíceps y salto vertical; también disminuyó el tamaño muscular medido por ecografía. Al volver, la fuerza y el tamaño muscular se recuperaron con rapidez. Tras cinco semanas de reentrenamiento, las mediciones ya no eran estadísticamente distintas del nivel alcanzado antes de parar y, al finalizar, ambos grupos consiguieron mejoras similares tras el mismo tiempo total de entrenamiento.

La gráfica muestra los valores medios del grupo que hizo la pausa en tres momentos concretos: al terminar el primer bloque de entrenamiento, después de diez semanas sin entrenar y tras las primeras cinco semanas de vuelta. Cada panel mantiene su propia unidad para no mezclar kilos y centímetros.

Evolución de los valores medios de prensa de piernas, curl de bíceps y salto vertical: al terminar diez semanas de entrenamiento, tras diez semanas de pausa y después de cinco semanas de vuelta. Los valores bajaron durante la pausa y regresaron estadísticamente al nivel previo tras cinco semanas de reentrenamiento.

Cómo leerla: son medias de 20 adultos sanos previamente no entrenados que completaron la fase con pausa; no son atletas experimentados ni una predicción individual. La gráfica reproduce los valores medios de la tabla 3 del estudio. Las desviaciones estándar y el análisis estadístico completo pueden consultarse en la fuente.

Fuente: Halonen J, et al. Does Taking a Break Matter—Adaptations in Muscle Strength and Size Between Continuous and Periodic Resistance Training. Scandinavian Journal of Medicine & Science in Sports. 2024;34:e14739. DOI 10.1111/sms.14739.

El resultado no demuestra que todas las personas recuperen lo perdido en cinco semanas. Participaron adultos sanos que no entrenaban fuerza previamente y solo 20 completaron el protocolo con pausa. Sí ofrece una idea valiosa: perder parte de una adaptación no significa regresar necesariamente al punto desde el que empezaste la primera vez.

Tu cuerpo puede perder parte de lo que consiguió, pero no parece olvidarlo todo.

¿Qué queremos decir cuando hablamos de memoria muscular?

La expresión memoria muscular se utiliza para fenómenos diferentes. A veces describe algo muy visible: conservas experiencia, técnica, referencias de esfuerzo y conocimiento de los movimientos aunque hayas perdido capacidad física. Otras veces se refiere a cambios celulares y moleculares que podrían permanecer después del entrenamiento.

En 2018, Seaborne y colaboradores3 estudiaron a ocho hombres previamente no entrenados durante siete semanas de entrenamiento, siete de pausa y siete de reentrenamiento. La masa muscular de las piernas aumentó, volvió cerca del nivel inicial durante la pausa y creció de nuevo al reentrenar. Al mismo tiempo, algunas marcas de metilación del ADN asociadas al entrenamiento permanecieron incluso cuando la masa muscular había retrocedido. Es una señal compatible con una memoria epigenética, pero la muestra era muy pequeña —siete participantes completaron la última fase— y no permite convertir ese mecanismo en una explicación definitiva.

Un estudio de Cumming y colaboradores publicado en 20244 aporta otra pieza y también una cautela importante. Doce hombres y mujeres entrenaron un brazo durante diez semanas, dejaron de hacerlo durante dieciséis y después entrenaron ambos brazos durante otras diez. Parte de los mionúcleos adquiridos con el entrenamiento se mantuvo durante la pausa. Sin embargo, el brazo entrenado anteriormente no mostró una respuesta claramente superior en todas las medidas durante el reentrenamiento. Los propios autores concluyen que el beneficio fisiológico de esa permanencia todavía debe determinarse.

Lo que podemos afirmar: al dejar de entrenar pueden disminuir la fuerza, la potencia y el tamaño muscular; al volver, parte de esas pérdidas puede recuperarse con rapidez; y algunos cambios celulares o moleculares parecen persistir durante el desentrenamiento.

Lo que todavía no podemos afirmar: que exista un único mecanismo de “memoria muscular”, que esas huellas sean por sí solas la causa de recuperar más rápido o que todas las personas conserven y recuperen exactamente lo mismo.

La memoria muscular no es permiso para volver de golpe

Esta es la parte más importante para llevar la evidencia al entrenamiento real. Que el cuerpo no olvide todo no significa que hoy pueda expresar todo lo que hacía antes. La fuerza puede haber bajado, la tolerancia al volumen puede ser menor y la recuperación entre sesiones puede necesitar más tiempo.

De hecho, en el estudio de Halonen la recuperación no ocurrió en un entrenamiento heroico. Ocurrió durante varias semanas de trabajo supervisado, con dos sesiones semanales y una progresión estructurada. La vuelta controlada no es una precaución ajena al resultado: forma parte del proceso con el que se recuperó lo perdido.

Bajar peso no es retroceder. Reducir repeticiones no es fracasar. Descansar más no es hacerlo peor. Es permitir que la capacidad actual vuelva a encontrarse con la experiencia que ya tenías.

Volver a CrossFit® o a preparar HYROX®

Los principios de la vuelta son los mismos, pero no siempre hay que ajustar las mismas variables. La metodología CrossFit® combina movimientos funcionales constantemente variados e intensidad relativa, con progresiones y adaptaciones al nivel de cada persona7. Después de una pausa, que un movimiento resulte familiar no significa que puedas sostener todavía la carga, la complejidad técnica o la densidad de trabajo anteriores. Escalar una de esas variables permite recuperar calidad antes de volver a exigirlas todas a la vez.

En una preparación para HYROX®, la referencia es una prueba estandarizada que alterna ocho carreras de un kilómetro con ocho estaciones de trabajo8. Al volver, puede ser más sensato reconstruir primero el volumen de carrera y la tolerancia a las estaciones, y después recuperar la capacidad de combinarlas bajo fatiga. Recordar los ejercicios no equivale a estar preparado para acumularlos al ritmo anterior.

Belize box no está afiliado, patrocinado ni respaldado por CrossFit, LLC ni por HYROX.

Las primeras sesiones son una evaluación, no un examen

Muchas personas vuelven intentando que el primer día sea una declaración de intenciones: «voy a demostrar que he vuelto».

Pero una vida activa no se construye con una declaración. Se construye con sesiones que caben en una semana real.

Los primeros entrenamientos deberían ayudarte a responder preguntas sencillas:

  • ¿Qué cargas puedo mover hoy con buena técnica?
  • ¿Cómo responde mi respiración cuando sube la intensidad?
  • ¿Qué molestias o limitaciones han aparecido?
  • ¿Cuánto tardo en recuperarme?
  • ¿Qué frecuencia encaja de verdad en mi agenda?

Esa información permite ajustar. Si sales tan castigado que necesitas cinco días para volver, quizá la sesión ha demostrado muchas ganas, pero ha construido poca continuidad.

La motivación ayuda; la estructura sostiene

La motivación puede llevarte al primer entrenamiento. El problema es pedirle que haga todo el trabajo durante meses.

La investigación basada en la teoría de la autodeterminación5 ha encontrado relaciones consistentes entre formas más autónomas de motivación y la práctica de ejercicio. También señala el papel de sentirse competente y de percibir apoyo por parte de quienes acompañan el proceso6. Eso no significa que exista una fórmula psicológica infalible: buena parte de la evidencia revisada es observacional y los resultados no son idénticos en todos los estudios.

La lectura útil es más sencilla. Resulta más fácil mantener una conducta cuando tiene sentido para ti, cuando notas que puedes hacerla y cuando el entorno no convierte cada tropiezo en un fracaso.

Por eso volver en septiembre no debería depender solo de «tener ganas». Necesita una estructura que siga funcionando un martes cansado de octubre.

Tres decisiones que importan más que volver perfecto

1. Elige una frecuencia realista

No la frecuencia ideal ni la que tendrías si todas las semanas fueran perfectas. La que puedes sostener en una semana normal.

Si llevas tiempo sin entrenar, dos días cumplidos durante un mes pueden ser más valiosos que cinco días que solo duran una semana. El primer objetivo no siempre es entrenar más. A veces es recuperar la confianza en que vas a cumplir contigo.

2. Ajusta la dosis actual

Volver no significa copiar el entrenamiento de tu versión más fuerte. Significa adaptar cargas, repeticiones, ritmos, movimientos y volumen al punto desde el que partes ahora.

La adaptación no cambia el objetivo del entrenamiento: permite recibir el estímulo sin pagar un coste que destruya el resto de la semana.

3. Haz visible el punto de partida

Habla con el coach. Cuenta cuánto tiempo llevas parado, cómo vienes, qué te preocupa y qué te hizo abandonar otras veces. Si algo molesta, dilo. Si te frustra no estar como antes, dilo también.

El entrenamiento se puede ajustar mucho mejor cuando dejas de esconder el lugar desde el que empiezas.

Un plan sencillo para el primer mes

No hace falta diseñar septiembre como una transformación. Puede plantearse como cuatro semanas para volver a construir ritmo:

  • Semana 1: recuperar movimientos y referencias, dejando margen.
  • Semana 2: repetir la frecuencia antes de añadir más trabajo.
  • Semana 3: progresar una sola variable: algo de carga, volumen o intensidad.
  • Semana 4: revisar sensaciones y decidir si la frecuencia sigue siendo realista.

No es una prescripción universal. Una lesión, una enfermedad o una pausa larga pueden necesitar valoración profesional y un proceso distinto. La idea es evitar que todas las variables suban al mismo tiempo solo porque el calendario dice septiembre.

No estás intentando volver a septiembre; estás intentando llegar a diciembre

La pregunta importante no es cómo te ves en la primera semana. Es si sigues entrenando en octubre, noviembre y diciembre.

Habrá épocas de entrenar más y épocas de entrenar menos. Momentos de competir, de perseguir marcas y otros en los que el éxito será mantener dos sesiones semanales. Todo eso puede formar parte de una vida activa.

La adherencia no consiste en no parar nunca. Consiste en aprender a continuar cuando la vida cambia.

Y aquí aparece una de las razones por las que este tema nos interesa fuera del box: aprender a reajustar también es una habilidad útil fuera del entrenamiento.

Volver sin compensar

Después de muchos años entrenando, no seguimos volviendo porque todos los días tengamos ganas. Nadie las tiene siempre.

Volvemos porque sabemos lo que ocurre durante esa hora: nos enfocamos en algo bueno para nosotros, practicamos, fallamos, corregimos y repetimos. Eso exige esfuerzo, pero no tiene que convertirse en castigo.

Si quieres volver esta semana, empieza por hacerlo posible. Elige una frecuencia que puedas sostener durante un mes. Usa las primeras sesiones para descubrir dónde estás. Sal pensando en la siguiente.

En Belize box no buscamos que alguien entrene perfectamente durante las 52 semanas del año. Buscamos ayudarle a construir una relación con el entrenamiento suficientemente sana para que, cuando tenga que parar, sepa volver.

No tienes que recuperar de golpe todo lo que crees haber perdido. El trabajo anterior cuenta, volver siempre merece la pena y el entrenamiento de hoy debería dejar sitio para el siguiente.